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Luis Fernando Puig Escrito por  Jul 04, 2016 - 265 Views

Adolescencia y actualidad

Podemos estar de acuerdo en lo siguiente: Muchos recordamos nuestra juventud como una etapa maravillosa que nos deja amigos para toda la vida e historias invaluables cargadas de emociones. Un tiempo descomplicado y complicadísimo a la vez; enfiestado, pero, de igual manera, aislado en un cuarto acompañado de música a todo volumen.

Esto es la adolescencia, así la vivimos. Pero: ¿Cuál es nuestra óptica ahora que educamos adolescentes? Muchas veces (y digo esto en un tono un tanto burlón) es el gran “cuco” debajo de la cama, que atormenta al promedio de padres de familia a nivel mundial. Y, aunque Google nos muestre una cantidad infinita de recetas y pócimas maravillosas, la realidad es que, a la hora de la hora, no tenemos idea de qué hacer en determinadas circunstancias. Motivo por el cual vale la pena desglosar en algunos ámbitos cruciales y relevantes, teniendo al adolescente en cuenta la época actual. La adolescencia es, en efecto, una etapa construcción constante de la identidad en la cual los referentes parentelas pierden relevancia, lo que implica, en otras palabras, que papá, mamá, y todo lo que tienen que decir, pasa a un segundo (o tercer) plano.

Lo que explica por qué siempre tiene la razón su mejor amigo, Twitter, 9Gag o Buzzfeed, y no nos queda otra opción que aceptar lo siguiente (prepárense)… mi hijo ya no cree que soy ‘cool’. Aceptemos la naturalidad de esta etapa sin pretender ocupar un rol que no nos corresponde, somos sus padres, no sus amigos. Hay que tener en cuenta que, así lo parezca:

  • No toda réplica “subida de tono” por parte de ellos equivale a un ataque personal, y la forma en la que, como seres humanos adultos, respondamos debe partir desde una postura calmada y asertiva.
  • Y ante un adolescente emocionalmente desbordado, debemos procurar calmarlo antes de cualquier tipo de intervención verbal, caso contrario no se logrará mucho.
Abrir espacios de palabra libres de prejuicios dentro del hogar, un nicho seguro que apunte siempre a la reflexión y la escucha abierta. En la era de las telecomunicaciones, la tarea de hablar no debería complicarse demasiado.

La tecnología avanza, nos guste o no, y comparar la realidad que viven nuestros jóvenes con la nuestra resulta innecesario. El cambio tecnológico conlleva un cambio en el lenguaje, y con ello el estilo de comunicación. Lo que antes se hablaba en una caminata por el parque del barrio, o se cuadraba un encuentro “a tal hora en tal lugar”, se logra en segundos en los tan mencionados  grupos de WhatsApp. Luchar contra este tsunami mediático es inútil, toca, más vale, surfear la ola, ya que estos avances pueden ser nuestros mayores aliados al momento de responder cuestionamientos inmediatos, estar al día con las tendencias sociales y, sobre todo, mantenernos pendientes de aquello que pueden estar leyendo nuestros hijos; en otras palabras, debemos, por lo menos, saber de qué se tratan Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, Tumblr, y demás OVNIS (objetos virtuales no identificados) que aparecen a diario en nuestros celulares, laptops y tablets. recordándoles siempre, que cualquier contenido que se sube a internet, puede permanecer en ella de forma permanente, por lo tanto el material que ahí se “cuelga” puede fácilmente ser obtenido por terceros. Regalémosle un voto de confianza a los jóvenes en cuanto al manejo de redes, con consecuencias lógicas en caso de ser quebrantados compromisos previos.

La clave está en regular, no censurar. Por lo tanto, y a manera de conclusión, la adolescencia es una etapa lógica del desarrollo humano que, independientemente de la época, siempre supone un desafío para padres y educadores, pero jamás supuso un imposible. La juventud actual responde a características propias de la posmodernidad. Elementos como la inmediatez, lo superficial y desechable. Propongo, entonces, darle la vuelta a lo que nos vende la época medios. Propongo inmediatez comunicacional para lograr una superficialidad desechable. Teniendo siempre presente que estamos hablando de nuestros hijos. Los cucos no existen.

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